Hace poco sufrí eso que llaman asombro, digo sufrí porque fue un asombro de esos que no te gustaría recibir siempre.
La mañana del jueves llego mi hermana de Huancayo, bastante cansada, ojerosa, maltrecha (puede ser la edad) debido al trabajo estresante de la Universidad (no citare la universidad por razones éticas).
Como de costumbre mama y papa habían tenido una mañana bastante agitada debido a gran banquete matutino que debían de brindarle a la recién llegada con bombos y platillos dignos de una heroína que cruzo vientos despiadados y mareas altas para llegar a su preciada Lima.
Yo como siempre a mi me tocaba restaurar su habitación y la ropa limpia para que mi querida hermana vistiera lo mas pronto posible.
La salude, la abrase, desempaque sus cosas y cante su canción favorita por n vez para que se sintiera mas a gusto.
Tomo su desayuno y se dirigió a la Biblioteca Nacional, debido a una conferencia de bibliotecólogos acreditados a un diplomado.
Jueves y viernes se repitieron el mismo plato, es decir el mismo ajetreo.
Yo fui a visitarla el día viernes, llevando unos files que me pidió con insistencia. Tome el bus transporte limeño (metro), camine tres cuadras y ya me encontraba en la puerta de la BNP.
Era algo increíble que me dejaran pasar , el acuerdo era enviarle los files mediante el encargado de la puerta , esperar afuera una hora y después entrar para escuchar cierta conversación de intelectuales de diferentes carreras correspondientes al rubro de humanidades .
La lista de expositores e invitados era una lista bastante selectiva de profesionales experto en su campo: literatos, historiadores, comunicadores, bibliotecólogos y hasta uno que otro ingeniero apto para el proceso de datos ligado a bibliotecas.
Yo estaba realmente emocionada escuchando la exposición desde afuera, llevaba mi mochila gris cargada de unos folders color beis llenos de información seleccionada por mi hermana la noche anterior.
Timbre a mi hermana más de tres veces y al instante salió, llamo a un hombre de terno que estaba sentado al frente de todos (uno de los expositores) y le cogió la mano y lo llevo a la puerta donde yo estaba, le hablo muy de cerca y lo miraba con cierta picardía de mujer seductora.
Mis ojos no podían ver lo que estaba haciendo mi hermana, mi hermana estaba seduciendo a un extraño del cual nunca había visto en su vida, mi cuerpo se lleno de un escalofrió inquietante, no podía sentir mis manos ni mis pies, su rostro mostraba ansiedad y demás cosas que no prefiero mencionar, mientras yo estaba con una enfermedad que no podía evitar y lo peor de todo, me estaba matando.
Fue los 5 minutos más abusivos, temidos, despreciables que he tenido en mi corta vida…de los cuales no pienso volver a vivirlos.
A las finales entre a la famosa charla, no pude evitar mi admiración pero la escena anterior aun cubría mi pesada mente.
Tome dos vasos de agua fría y Salí con todos después de la exposición, luego el personaje con terno al cual mi hermana había sacado con insistencia para pedirle dejara entrar a su hermana menor, la detuvo y le agradeció por el buen evento que se había realizado y confesó que trabajaría con ella a partir de la próxima semana ya que la Universidad lo había contratado como docente.
Esta si fue una escena casi épica, no sabia si voltear, caminar, hacerme la loca o simplemente hablar con el historiador que se había sentado al costado mío y que me pidió una hoja.
Pero estas cosas me dije a mi misma y si ella es feliz, yo también lo soy.
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